Si a esto lo llamaban Tierra Sagrada no querían imaginar que debería ser el infierno. Lo más parecido a vegetación que habían visto fue una famélica palmera harán ya tres días desde que partieron de Jerusalén.
Para el monje capitán Gonzalo de Castillo no se diferenciaba mucho de su Almería natal pero para los diez napolitanos que le acompañaban a pie era un suplicio que no cesaban de lamentar.
- ¿Et…la idea di un…ciclo di terra?- comentó Urdino Mazzeratto.- Es una qualcosa multi…molto strano…
Gonzalo solicitó arqueros para cumplir con su misión. Una compañía de alabarderos tenía efecto para frenar embestidas de caballería e infantería. Pero para atacar a los pequeños grupos de asaltantes y bandidos del camino se consideraba una compañía pesada, lenta y ruidosa. Gonzalo asintió a Urdino al igual que asintió a su maestre superior cuando le negó los arqueros solicitados.
Al italiano le encantaba hablar. Chapurreaba un idioma propio que mezclaba palabras del italiano, castellano y del latín. Gonzalo no rechazaba su verborrea incesante, únicamente se limitaba a asentir en ocasiones y a ayudar a Urdino con alguna palabra que no conseguía pronunciar.
Aquella noche decidieron acampar en lo alto de una pequeña elevación junto al camino. Desde lo alto se contemplaba un pequeño valle que conservaba el desecado lecho de un rio.
- Urdino- comento Gonzalo al italiano.- Hoy no se puede encender una hoguera. Hay bandidos por aquí. Organiza una guardia.
- ¿Bansdidos?- comentó Urdino intentando identificar la palabra. Gonzalo no hablaba italiano así que se comunicaba en castellano pero hablando lento y muy vocalizado.- ¡Ah, banditi! Comprendere. No hoguera di fuoco. Guardias per la notte. Concordare.
Ató su corcel a un risco. Desenroscó su manta y se agazapó en una pequeña cavidad para dormir. En su mano derecha sostenía, oculta bajo la manta, un hacha. Aunque se habían pagado bien a los mercenarios no confiaba en gente sin valores más allá del oro. De todas maneras tenía la certeza que antes se matarían entre ellos, deseaban su caballo y los diez italianos no podían montarlo al mismo tiempo.
El suelo de la pequeña gruta era de arena fina y durante varios minutos Gonzalo se revolvía en ella buscando amoldarla a la forma de su cuerpo y, además, ganar algo de espacio entre la piedra. Su movimiento cesó al notar un pinchazo sobre sus riñones. Al girarse para comprobar que le molestaba descubrió la forma de una costilla. Ante este descubrimiento, y tras un instante de reflexión, le venció la curiosidad y comenzó a excavar en la arena y retirarla de la cavidad. Una vez desenterrado el cadáver se dio cuenta que los huesos de las manos se encontraban extrañamente taladrados.
La arena había preservado sus últimas posesiones en vida: una placa de madera con la palabra INRI y una corona de espinas en torno al cráneo.
Antes de poder articular palabra, un grito de guerra italiano sonó tras el asombrado Gonzalo. Flechas incendiarias subían desde el fondo del valle y caían en el campamento.
- ¡Signore!.- alcanzó a oír a Urdino entre la confusión. Un italiano cayó al suelo con una flecha en la cabeza. - ¡Atachan a nosotros!
Las alabardas nada tenían que hacer contra un enemigo situado a la distancia e invisible. Gonzalo, observando anonadado la lluvia de saetas y viendo como sus hombres terminaban cayendo por impacto de las mismas tomo una resolución.
Se desprendió de su jubón y le prendió fuego con una de las flechas encendidas del suelo. Acto seguido introdujo la tela en llamas dentro de la cavidad donde aumentaron las llamas.
La compañía salió de la elevación por el lado inverso al que recibían el ataque. Muchas cosas se quedaron atrás, entre ellas la propia montura del caballero. Pero al amanecer del día siguiente se encontraban lejos del lugar y sin rastro de ser perseguidos. Urdino se acercó a preguntar a Gonzalo.
- Signore Gonccalo…- musitó.- ¿Qué quiemo en la notte?
- Un icono, por el que se han matado muchos hombres.- Gonzalo lo dijo lo suficientemente rápido para que esta vez, Urdino, no se enterará.
Buena narración,me has dejado intrigada ;)
ResponderEliminar