domingo, 28 de noviembre de 2010

Carta desde el fondo

"Querido compañero:

Te escribo desde el fondo de un agujero. Te escribo desde aquí abajo porque nuevamente he vuelto a caer hasta el fondo.
Te escribo para hablarte de como he llegado aquí. Y también para explicarte porqué aún no he salido.
Anoche lo volví a intentar. Volví a agarrarme a esa escalera que juré que nunca más agarraría. Pero lo hice. Era muy tentadora. Cualquiera me diría que, aun sin ser una escalera excepcionálmente buena, por lo menos tendría su función.
Si, compañero, es esa escalera que una vez casi llega a sacarme del hoyo. Es esa escalera en la cual dejé absolutamente todas mis fuerzas. EN la que me apoyé para ver que fuera del agujero hay luz.
Pero ambos también sabemos que es la escalera cuyos peldaños estaban muy carcomidos. La escalera que, sosteniendo todo mi peso, se desquebrajó cuando estaba en el borde de lo más alto. La escalera que me dejó caer de nuevo al fondo.
Y fue un gran golpe. Un golpe terrible. Un golpe que me partió huesos y alma. Recuerdo estar ahí en el fondo, aún perplejo por la sorpresa de la caída, mirando incrédulo la escalera.
No estaba rota. Estaba integra. ¿ Cómo podía estar integra si el peldaño que pise se partió? Pero ese peldaño volvía a estar impoluto. Y de nuevo la escalera estaba seductóramente apoyada esperando que la usara. Dolorido me alcé y agarre de nuevo la escalera.

Y volvió a desquebrajarse.

Y volví a caer.

Y así lo hice una y otra vez. Porque quizás soy imbécil o soy un retrasado. Porque me costó varias caídas dolorosas darme cuenta de que el escalón siempre estará esperando que me apoye para romperse.

Y cuando lo descubrí me sentía mal. No tenía fuerzas para subir otra escalera. Empecé a ver nuevas escaleras que me ofrecían una salida al exterior. Pero, al igual que esta primera, el resto de escaleras engañan a la vista. Escaleras de madera podrida recubiertas de oro.
He intentado asir los peldaños plateados de refulgentes y firmes escalas. Pero en el centímetro antes de rozarlas, la propia escalera se volvía al cielo dejándome en el hoyo.

He visto escaleras que me prometían una subida rápida y segura. Pero eran escaleras que no me convencían.

Mis amigos, desde fuera del hoyo, siempre me lo comentaban: "No te quejes de estar en el fonde del agujero. Aquí hay una escalera, parece buena, cógela." Pero esa escalera no me convencía. "Claro, tu esperas que aparezca una escalera mecánica. Que te saque rápida y cómodamente".
Me lo decís desde fuera del agujero. Donde ya no se necesita escala alguna. Claro que quiero un jodida escalera mecánica. Peso demasiado para una escalera cualquiera.

Odio el fondo del agujero. Es oscuro, lúgubre. Odio aún mas escuchar el exterior del hoyo, donde hay diversión y alegría, que no alcanzo por muy alto que sea.

Odio las escaleras.

Odio las escaleras que dicen ser de plata y son de hojalata. Las escaleras que juguetean sobre mi cabeza riéndose de mi imposibilidad de alcanzarlas, y de mis ridículos saltos intentando rozar aunque sea su primer peldaño.

Quiero una escalera, pero ya las odio tanto...

Así que aquí me encontrarás. Te saludaré, me veras contento, me veras risueño. Soy así. Pero después de que hayas leído esto, recuerda que por mucha alegría que veas en mi rostro, el resto de mi cuerpo se encuentra en el fondo del pozo.

Querido Jimmy. No hay Escaleras hacia el Cielo."

1 comentario:

  1. Las escaleras no son muy dificiles de subir, siempre y cuando sepas cual es la que te sacara de ese fondo y no dejara que vuelvas a caer en el.

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